El riego bien hecho
El riego es súper importante para que los claveles se mantengan felices. Durante el verano, cuando el calor aprieta, es muy importante seguir una rutina de riego controlado. Se aconseja regarlos de tres a cuatro veces por semana en estos meses, pero siempre es buena idea comprobar la humedad del suelo antes de echar agua. Una técnica sencilla es meter un palillo de madera en la tierra; si sale seco, es hora de regar. Las temperaturas ideales son entre 22 y 24 °C durante el día y alrededor de 12 °C por la noche.
La poda para que estén guapos
Poda regularmente para que tus claveles se vean sanos y atractivos. Tras cada ciclo de floración, corta los tallos marchitos justo por encima de un nudo y quita las hojas secas. En verano, se sugiere una poda más intensa: recorta aproximadamente una cuarta parte de los tallos. Asegúrate de hacer cortes limpios para no dañar la planta. Además, retirar las flores secas fomenta que aparezcan nuevas.
Propagar con estacas
Aunque usar semillas es una opción, las estacas son una forma fácil y efectiva de multiplicar tus claveles. Es buena idea desgarrar ligeramente los tallos (en vez de cortarlos) para estimular el crecimiento. Selecciona estacas de tallos gruesos y maduros, y plántalas en un sustrato que drene bien. Usar macetas con fondo perforado o tierra arenosa puede marcar la diferencia en el éxito del proceso.
El sol, su mejor aliado
Los claveles necesitan bastante sol para crecer bien, por lo que es ideal que reciban varias horas de luz directa cada día. Sin embargo, cuando el sol está a tope en las horas más calurosas, una sombra ligera puede protegerlos del sobrecalentamiento. También es bueno ubicarlos en zonas resguardadas de lluvias intensas y vientos fuertes para mantenerlos en buena forma.
Tipos y encanto decorativo
Hay muchísimas variedades de claveles que se adaptan a diversas condiciones y estilos. Por ejemplo, los claveles silvestres son habituales en las zonas mediterráneas, mientras que los de jardín pueden llegar a medir hasta 75 cm de altura. En invernaderos, algunas variedades incluso superan el metro. Con buenas condiciones de cultivo, estas plantas florecen al menos una vez al año, y algunas pueden reflorecer durante la misma temporada.
Suelo adecuado y buen trasplante
Para que los claveles crezcan sanos, hay que cuidar el tipo de suelo y el momento en que se trasplantan. Lo ideal es un terreno ligero, poroso y con buen drenaje, con un pH de 6,5 a 7,5. El trasplante se realiza mejor en primavera o en otoño, tras quitar las malas hierbas y humedecer bien la tierra.
Detalles que enamoran
Además de su belleza visual, los claveles llenan los espacios de un aroma fresco y se usan a menudo en la perfumería artesanal por su fragancia única. También son muy valorados como elementos ornamentales en fiestas y ceremonias, gracias a su versatilidad estética.
Cultivar claveles no solo decora nuestros lugares, sino que también nos conecta con la tradición de la jardinería. Conocer bien cómo cuidarlos te ayudará a disfrutar al máximo del encanto y el esplendor que estas flores tienen para ofrecer.